¿Cómo Aprende el Cerebro de Nuestros Niños?

Hola queridos lectores, para mí es un gusto volver a escribir para ustedes, ahora con un tema que me apasiona profundamente: el cerebro humano. Este pasado 22 de julio se celebró el Día Mundial del Cerebro.

Mi objetivo en este blog es acercarte, como mamá, papá o cuidador, a los conceptos esenciales sobre el cerebro infantil: su estructura, cómo aprende, cómo cuidarlo y qué podemos hacer desde casa para favorecer su desarrollo.

¿Qué es el cerebro y cómo está formado?

El cerebro es el órgano que dirige todo lo que hacemos: cómo pensamos, sentimos, aprendemos, nos movemos y nos relacionamos. Está formado por miles de millones de neuronas que se conectan entre sí para formar redes que controlan cada función del cuerpo.

Una de sus partes más importantes es la corteza cerebral, que es como una capa delgada y arrugada que recubre todo el cerebro. Aquí ocurren las funciones más complejas: el lenguaje, el pensamiento, la memoria, el autocontrol, la planificación, la percepción y más.

La corteza cerebral se divide en lóbulos, y cada uno cumple funciones específicas:

Lóbulo frontal: Se encuentra detrás de la frente y es responsable de funciones ejecutivas como la atención, la planificación, la toma de decisiones, el lenguaje expresivo, el autocontrol y el movimiento voluntario.

Lóbulo parietal: Procesa información sensorial como tacto, dolor, temperatura y percepción espacial.

Lóbulo temporal: Encargado de procesar sonidos, lenguaje y memoria auditiva, así como reconocimiento de emociones.

Lóbulo occipital: Responsable de procesar la información visual.

Cerebelo: Aunque no es parte de la corteza, coordina el equilibrio, la postura y la precisión de movimientos.

Estas zonas trabajan en conjunto para que nuestros niños puedan interactuar y comprender el mundo que los rodea. Durante los primeros años, estas áreas están en desarrollo activo, por lo que las experiencias que viven tienen un gran impacto.

La etapa de mayor desarrollo: los primeros cinco años

Durante los primeros cinco años de vida, el cerebro se desarrolla más rápido que en cualquier otro momento. Esta etapa se llama “plasticidad cerebral”, y significa que el cerebro forma conexiones neuronales a una velocidad impresionante — ¡más de un millón por segundo! (Shonkoff & Phillips, 2000).

Además, durante este periodo, el cerebro tiene ventanas sensibles o “periodos críticos” para aprender ciertas habilidades, como el lenguaje o el control motor. Si el niño no recibe estímulos adecuados durante estos momentos, puede ser más difícil desarrollar esas habilidades después (Kulh, 2004).

Por eso, las experiencias tempranas no solo moldean el cerebro, sino que también influyen en su capacidad para aprender en el futuro.

¿Cómo aprenden los niños?

Los niños aprenden explorando, jugando, tocando, escuchando y relacionándose con otros. No necesitan instrucción formal todo el tiempo. El lenguaje cotidiano, el juego libre, la exploración del entorno y la interacción social son las principales vías para que desarrollen habilidades cognitivas, sociales y emocionales.

De hecho, estudios han demostrado que los niños que tienen entornos ricos en interacción social y lenguaje desarrollan mejor sus habilidades comunicativas y cognitivas (Center on the Developing Child, 2016).

Además, el aprendizaje no solo se da en la instrucción directa, sino también a través del juego y la imitación, que son actividades naturales en la infancia.

Entornos normales y enriquecidos: ¿cuál es la diferencia?

Un entorno lleno de cariño, palabras, rutinas y oportunidades para descubrir es un buen entorno “normal”. Pero un entorno enriquecido potencia aún más el desarrollo cuando incluye:

  • Libros, cuentos y canciones
  • Materiales para tocar, construir o transformar
  • Espacios para moverse y explorar
  • Relaciones afectivas y atención de adultos
  • Juego libre con otros niños

No se trata de saturar a los niños con actividades, sino de acompañarlos respetando sus tiempos y necesidades.

Por otro lado, el entorno familiar y emocional también tiene un impacto enorme en el desarrollo cerebral. Un ambiente de estrés constante puede afectar negativamente la formación de conexiones neuronales (Shonkoff & Phillips, 2000).

El equilibrio entre cuidar y dejar crecer

A veces, con la mejor intención, queremos proteger tanto a nuestros niños que los mantenemos en un “invernadero”, alejados de retos y descubrimientos propios. Sin embargo, el cerebro también necesita enfrentarse a desafíos, equivocarse y aprender de esas experiencias para desarrollarse de manera saludable.

La sobreprotección o la sobreestimulación pueden generar ansiedad, dependencia y dificultades para adaptarse. Como dice el psicólogo Álvaro Bilbao: “El exceso de estímulos puede ser tan dañino como la falta de ellos.”

Por eso, es fundamental dejar espacios para que los niños jueguen libremente, se aburran, imaginen y descansen, experiencias que nutren su creatividad y autonomía.

Consejos para cuidar y estimular el cerebro de tu hijo

Aquí algunas acciones simples pero poderosas que puedes incorporar en casa:

  • Dormir bien: El descanso es fundamental para consolidar aprendizajes.
  • Hablar y escuchar: El lenguaje diario nutre el pensamiento y la comunicación.
  • Leer en voz alta: Fomenta la imaginación y el desarrollo del lenguaje.
  • Alimentación balanceada: Nutrientes como Omega 3, hierro y zinc son clave para el cerebro.
  • Limitar pantallas: Evitar el uso excesivo, especialmente antes de los 6 años.
  • Juego libre al aire libre: Favorece la motricidad y la exploración.
  • Rutinas y contacto emocional: Proveen seguridad y confianza.
  • Evitar castigos físicos: El miedo bloquea el aprendizaje y el desarrollo emocional.

Ser mamá o papá es un camino lleno de retos, pero también de aprendizajes. Informarnos y acompañar a nuestros niños con amor y conocimiento puede transformar su desarrollo y su vida.

Gracias de corazón por leer y confiar en este espacio.

Con mucho cariño,

Ana Laura Sosa Nevárez
Maestra y Terapeuta de Lenguaje

Bibliografía

  1. Shonkoff, J. & Phillips, D. (2000). From Neurons to Neighborhoods: The Science of Early Childhood Development. National Academy Press.
  2. Kulh, P. (2004). Early language acquisition: cracking the speech code. Nature Reviews Neuroscience.
  3. Bilbao, Á. (2015). El cerebro del niño explicado a los padres. Plataforma Editorial.
  4. Center on the Developing Child at Harvard University. (2016). From Best Practices to Breakthrough Impacts.
  5. Montessori, M. (2004). La Mente absorbente del Niño. Editorial Diana.

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